"Las familias están haciendo un enorme esfuerzo"

El jefe de estudios del Aricel nos habla del proceso de adaptación a la enseñanza a distancia tras la crisis del Covid- 19

Javier Milena  |  13 de abril de 2020
Daniel Guerrero, jefe de estudios del IES Aricel, en el rincón de teletrabajo de su domicilio familiar donde estos días se le ha multiplicado el trabajo.
Daniel Guerrero, jefe de estudios del IES Aricel, en el rincón de teletrabajo de su domicilio familiar donde estos días se le ha multiplicado el trabajo.

La suspensión de las clases presenciales en colegios e institutos a raíz de la crisis del Covid-19 ha supuesto un vuelco radical en el modelo de enseñanza. Un cambio para que el nadie -ni profesorado, ni familias, ni alumnado- estaba preparado y al que tratan de adaptarse a marchas forzadas con mucha voluntad y esfuerzo en medio de una importante carestía de conocimientos y medios. Desde su rincón de teletrabajo en su domicilio particular hablamos con Daniel Guerrero, jefe de estudios del IES Aricel de Albolote, cuyo claustro de profesorado ha tenido que 'reinventarse' en un corto espacio de tiempo para dar el salto a la enseñanza a distancia.

-¿Qué dificultades ha encontrado el profesorado en este proceso de adaptación?

-La primera ha sido la premura con la que se ha producido el proceso de trasvase de la modalidad presencial a la no presencial ya que el sistema educativo en general no está preparado para un trasvase tan repentino. Reconvertirse en docentes en este nuevo marco de relaciones que viene determinado por el confinamiento ha sido una primera, y no pequeña dificultad, por cuanto conlleva realizar una suerte de formateo de las prácticas docentes habituales hacia un terreno muy poco explorado y conocido para no pocos de los miembros de nuestro claustro.

Por otro lado, no puedo ocultar que, como de algún modo ocurre en la mayoría de los colectivos, entre el profesorado también se constata un desnivel importante en el dominio de la competencia digital, tan necesaria para el desarrollo de estructuras de docencia no presencial. Y nuestro claustro no es ajeno a ello. Sin embargo, también tengo que decir que, por lo que he podido constatar por la relación que vengo manteniendo con el profesorado, en estos días ha sido ingente el esfuerzo de todos por formarse, con diferentes recursos para dotarse de los conocimientos suficientes para continuar la docencia en este nuevo contexto.

Igualmente, me gustaría señalar otra dificultad con la que se está encontrado el profesorado, una dificultad que no resulta fácil de salvar: la presencia y participación activa del alumnado en las plataformas de docencia con las que la mayoría de nuestros profesores viene trabajando durante estas semanas. Tenemos un número pequeño de alumnos que aún no se ha comunicado con su profesorado. Son alumnos que desaparecieron con la suspensión de las clases y que o bien por falta de medios o por falta de interés propio o de su familia no han dado señales de vida desde que se decretó el estado de alarma y me consta que el profesorado y yo mismo hemos hecho esfuerzos por ponernos en contacto con ellos. También detectamos el escaso interés que muestran algunos alumnos, que forman parte de las estructuras o plataformas de docencia del profesorado, pero permanecen en estado de letargo y absolutamente silentes.

-¿Cuáles son los problemas que están teniendo las familias para mantener el proceso de aprendizaje en estas condiciones?

-Bastantes, y muy serios. A lo largo de estas cuatro semanas de confinamiento he mantenido contacto con bastantes familias y ello me ha dado la oportunidad de comprobar el alto nivel de angustia y hasta de desesperación con el que están viviendo el día a día en muchos hogares. No ya sólo por los roles que se han visto obligados a asumir en el marco de este nuevo proceso de enseñanza, sino por las consecuencias dramáticas a que está abocando a muchas familias esta realidad. Tenemos familias en las que de lo laboral se ha esfumado la palabra estabilidad, porque uno o ambos progenitores están a punto, si no ha ocurrido ya, de perder su puesto de trabajo; y en otros casos, como me contaba hace unos días una madre, tanto ella como su marido tienen que salir todos los días a trabajar porque pertenecen a esos que ahora se llaman sectores productivos esenciales, dejando a los hijos adolescentes casi todo el día solos en casa y exponiéndoles a la fuente de contagio permanente, en caso de que ellos mismos, en el ejercicio de su actividad laboral y a pesar de las precauciones que adoptan, cayesen contagiados. Sé que para no pocas familias existe una angustiosa preocupación por los estragos y las consecuencias que va a acarrear en su estilo de vida la parálisis de la actividad productiva y económica en nuestro país y que ello no les permite conciliar el sueño la mayoría de las noches.

Y a todo esto se suma los requerimientos que les está exigiendo a las familias la atención educativa de sus hijos en casa. Primero, porque los mismos chavales han tenido que acostumbrarse a un lenguaje nuevo, plagado de conceptos pertenecientes al ámbito de las nuevas tecnologías, con el que no todos estaban familiarizados por igual; y segundo, porque para no pocas familias ha sido como enfrentarse a una lengua extranjera que desconocen por completo. Pero es que, además, nos hemos tropezado con una realidad que a veces se disimula, pero que en situaciones como ésta muestra su verdadera faz. Me refiero a que bastantes familias y no pocos alumnos poseen, en términos generales, una muy deficiente competencia digital. Por eso se han encontrado con ciertas dificultades para realizar operaciones a priori con poca dificultad como apuntarse a una clase en la plataforma Google Classroom o entrar en la Moodle de la Junta de Andalucía para tener acceso a los recursos de su profesorado. Resulta chocante que en la era en la que más acceso tenemos todos a las nuevas tecnologías, a la hora de la verdad, y cuando su uso se revela más necesario que nunca, nos tropezamos con serias dificultades para resituarnos en un escenario en el que éstas cobran un especial protagonismo.

-¿Y en cuanto a recursos?

-Ese es otro dato que me parece importante advertir aquí, para que no pase desapercibido, sobre todo para las diferentes administraciones. Es cierto que hoy en día en casi todos los hogares existe una conexión a internet y se cuenta con algún dispositivo para poder conectarse. Pero la mayoría de las familias no adquirieron esos recursos para responder a una situación como la que vivimos ahora. ¿O es que podemos pensar que con un móvil un alumno puede conectarse todos los días a las clases que le imparte su profesorado, acceder a los apuntes, trabajarlos, estudiarlos, publicar comentarios, plantear dudas y llevar el día a día de su trabajo como estudiante? No, con un móvil, por mucha conexión a internet que le permita conseguir, no se puede mantener más que una relación muy provisional y de campaña de la actividad docente. Es verdad que en muchas familias cuentan con otros dispositivos informáticos, tienen portátiles o ordenadores de sobremesa, ¿pero cuántas familias no se encuentran con un papá o una mamá que teletrabajan, dos hijos o hijas que estudian y un solo terminal con el que poder realizar el teletrabajo y el estudio, para cuyo uso tienen que establecer turnos? Esto también está pasando en no pocos de los hogares de nuestro alumnado y más de un email he recibido en el que las familias me informaban de ello para pedirme a reglón seguido que pidiera al profesorado que, en atención a estas carencias de recursos, el profesorado fuese más flexible con el volumen de tareas a desarrollar por el alumnado y con los plazos de entrega.

-A pesar de todas esas dificultades, ¿cómo está siendo la respuesta?

-Tengo que reconocer el enorme esfuerzo que está realizando la mayoría de las familias y el propio alumnado del centro para adaptarse a estas nuevas condiciones de docencia en el contexto de enorme incertidumbre por el que estamos pasando, asumiendo roles que hasta ahora la mayoría de los padres siempre había dejado en manos de los docentes, ayudando a sus hijos en tareas escolares mucho más que antes, familiarizándose con nuevos entornos educativos, respondiendo a determinadas necesidades que, por la distancia, los docentes no pueden satisfacer igual que antes y adaptándose, en definitiva, a un nuevo escenario educativo que para muchos no está resultando nada fácil. Las familias viven con la legítima preocupación por lo que va a pasar con el curso académico, con el avance educativo de sus hijos, con la respuesta a las dificultades de aprendizaje que algunos tienen en un contexto como el actual, con la forma en la que tendrá lugar la PEvAU y el acceso a las enseñanzas universitarias, etcétera.

-¿Cuál es el estado de ánimo del profesorado?

-Bastante bueno y saludable. El profesorado, como podría afirmarse de la mayoría de los españoles, pasó por una primera fase de incertidumbre ante la repentina decisión de suspender las clases. Pero ahora puedo afirmar que, a varias semanas ya de aquello, se ha adaptado con relativa serenidad a la nueva situación. Por el contacto periódico que los miembros del equipo directivo mantenemos con todo el claustro a través de diferentes medios, puedo decir que nuestro claustro mantiene un buen estado de ánimo, se mantiene ilusionado con su quehacer docente, ha reaccionado con mucha rapidez a las exigencias de este nuevo escenario educativo y se muestra tan accesible al alumnado y sus familias como lo estaba antes del confinamiento.

-¿Cómo se presenta el tercer trimestre en el IES Aricel?

-De momento, y mientras la administración educativa no determine otra cosa, trabajamos con la convicción de que lo que al principio parecía que iba a ser un parón de dos semanas, va a ser algo mucho más estable y duradero en el tiempo, como de hecho ya está sucediendo. Nos planteamos realizar las modificaciones que sean pertinentes sobre las programaciones didácticas de los diferentes departamentos para acomodarlas a la realidad educativa que estamos viviendo. El profesorado está avanzando en el desarrollo de sus programaciones, introduciendo contenidos nuevos, adaptándolos a los nuevos entornos de aprendizaje y llevando a cabo, también con todas las posibilidades que ofrecen estas nuevas plataformas, la recogida de evidencias que le permita llevar a cabo un proceso de evaluación sumativo y formativo. A la vuelta del parón de Semana Santa llevaremos a cabo la segunda sesión de evaluación, que quedó aplazada hasta tanto se recibieran instrucciones sobre si debía realizarse y en qué términos, instrucciones que llegaron a los centros en forma de dos circulares en los primeros días de abril; e informaremos a las familias de las calificaciones de sus hijos el día 24 a través de iPasen, como de hecho era nuestro propósito hacer en este segundo trimestre dentro de nuestro objetivo de reducir el gasto de papel. El proceso de enseñanza y aprendizaje continuará de forma no presencial hasta que las autoridades determinen la vuelta a las aulas. Si no ocurriera, estamos preparados para poder finalizar el curso procurando el mayor desarrollo posible de la programación prevista por todos los departamentos para este tercer trimestre. Y en todo caso, y tras la oportuna evaluación del trabajo desarrollado en el contexto actual, estudiaremos la posibilidad de que el inicio del curso próximo contemple un período o una fase de adaptación, de repaso y de asentamiento de aquellos aprendizajes que se consideren necesarios por no haber tenido el tratamiento adecuado en este momento.

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