"Lo más duro de todo es no poder estar con la familia"

Manuel Zaragoza, vecino de Albolote afectado por Covid-19, nos cuenta su experiencia tras 35 días de aislamiento

Pepe Vaquero  |  22 de abril de 2020
Manolo ya está mucho mejor aunque todavía continúa aislado de su familia.
Manolo ya está mucho mejor aunque todavía continúa aislado de su familia.

35 días lleva Manuel Zaragoza, vecino de Albolote, de 47 años, aislado en casa en una habitación de 3x3. El 16 de marzo comenzó a tener los síntomas de Covid-19. “Tenía una tos seca, fiebre alta, muy mal cuerpo y en seguida pensé que tenía el virus, así que llamé al famoso número de teléfono que aparecía en televisión y en redes y nadie me contestaba. Cuando contacté con el 900 400 061 mi posición en la lista de espera era la 189 y decidí no colgar para poder ser atendido, pero 11 horas después y tras llevar las 2 ultimas horas en la posición número 5, desistí del intento y colgué, pues era evidente que no me iba a atender nadie”, relata Manolo. Al día siguiente y después de varios intentos finalmente pudo contactar con el centro de salud desde el que le dieron indicaciones de lo que debía de hacer. 

Manolo nos cuenta que “tras dos semanas aislado tomando la medicación básica (paracetamol), que fue lo único que me prescribió el médico, pese a que cada vez me encontraba peor, él me decía que si podía hablar por teléfono eso indicaba que respiraba bien y que, por tanto, continuara con ese tratamiento y en casa. Finalmente empeoré”.  

La peor noche

“Esa noche me asfixiaba, no podía respirar, no podía hablar y la fiebre era cada vez más alta, ya los antitérmicos (paracetamol) no hacían nada, y no tuve más remedio que ponerme en contacto con el 112,quien tras varios cuestionarios y filtros decidieron trasladarme al hospital, me hicieron la prueba y di positivo en Covid-19”, explica.

 A partir de aquí Manolo Zaragoza se sometió a una medicación estricta de corticóides, aerosoles, antibióticos y analgésicos para paliar la enfermedad. Manolo fue trasladado en ambulancia al hospital aunque sólo estuvo una noche porque afortunadamente, asegura, no necesitó respirador, pero en ese tiempo pudo comprobar de primera mano los precarios medios con los que el personal sanitario se está enfrentando a la enfermedad: “batas hechas con bolsas, incluso las mascarillas se las hacían las enfermeras durante sus escasos descansos”, subraya. Manolo cuenta que aquella dantesca situación también afectaba a los enfermos. 

Horas de desconcierto

A la salida del hospital también se vio envuelto en una situación complicada. “Los sanitarios del hospital me trataron magníficamente bien pero cuando me dieron el alta no tenían ambulancia para irme a mi casa, yo estaba con fiebre, me habían metido todos los medicamentos por vena, en fin, estaba muy mal y me dijeron que como mis piernas estaban bien que me cogiera un taxi o un transporte para irme, una situación surrealista contando con que era positivo y podía infectar a cualquiera”. Tras unas semanas de confinamiento estricto Manolo tuvo que volver a urgencias nuevamente para repetir pruebas y saber en qué estado se encontraban sus pulmones. “En urgencias tan solo me hicieron radiografía de tórax, y aunque llevaba informe del centro médico donde se pedía que se repitiera la prueba del Covid-19, me dijeron que no podían realizar el test, que tenían instrucciones de solo realizarlo a pacientes que presentaran síntomas y fueran a ser ingresados, en caso contrario no realizaban test, ni siquiera a los pacientes que estaban ingresados en el hospital por coronavirus y se les fuera a dar el alta”, relata. 

“Por tanto, en mi caso, -continúa Manolo- me seguían considerando positivo por presentar síntomas, me dijeron que era normal  porque me había dado fuerte y seguía con el ahogo y la tos”. 

El último informe médico aseguraba que “tras cinco días sin síntomas ya podía volver a socializarme, volver al trabajo y a relacionarme con mi familia, es decir, que no van a confirmar si sigo siendo o no positivo una vez que no tenga síntomas, pese a que todos sabemos que incluso sin síntomas puedo seguir infectado y, por tanto, infectando a cuantos me rodean”. 

A estas alturas, Manolo está deseando poder salir de esa habitación en la que está aislado para abrazar a su familia, pero según él “surgen muchas dudas si no tengo la certeza de que ya estoy limpio. Por eso la realización de test masiva es tan importante, porque es la única forma de no seguir contagiando”, explica. 

Afortunadamente a día de hoy y después de haberlo pasado muy mal, Manolo se siente mejor aunque todavía continúa con mucha tos. “Tengo que decir, en mi caso, que esto no es una broma ni una simple gripe como nos contaban al principio”.

Aislamiento

Manolo Zaragoza rompe una lanza a favor de los familiares, asegura que son los grandes olvidados de esta crisis. No poder tener un contacto directo con su mujer y sus hijas, “es una de las peores batallas de la enfermedad”, destaca. La habitación en la que está confinado da a un pequeño espacio desde donde sus pequeñas le saludan y juegan con él a distancia a través de una ventana, dejándole su mujer cada día la comida en la puerta de su habitación. Manolo dice que esta situación “es muy parecida a la de un preso”. 

Ahora mira con esperanza el futuro y la enfermedad afortunadamente va remitiendo, aunque recuerda que “hasta pasados 5 días después de que no haya síntoma alguno debo quedarme confinado y sin saber si sigo siendo o no positivo”. Por ahora, continúa viendo pasar las horas en su pequeña habitación, jugando con sus hijas por videoconferencia o asomándose a la ventana para ver a su mujer que ahora tiene una gran carga familiar. Asegura que “el optimismo es fundamental y tener esperanza da fuerza para derrotar al bicho y aunque ha sido muy duro y aún lo esta siendo, lo único que esto me ha enseñado es que la vida es muy corta y solo tenemos una, por lo que debemos aprender a disfrutar de lo que de verdad importa”.

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