Juan Carlos Navarro y Antonio Jesús Guzmán afrontan una nueva etapa al frente de la parroquia de Albolote
El nuevo párroco titular y el vicario parroquial destacan la acogida recibida por los vecinos y apuestan por acompañar el crecimiento de la comunidad cristiana
La parroquia de Albolote inicia una nueva etapa tras el fallecimiento del sacerdote Manuel Molina Calvente el pasado mes de junio, una pérdida que dejó una profunda huella entre los fieles y que obligó a afrontar en poco tiempo una nueva organización pastoral. Al frente de la comunidad se encuentran ahora Juan Carlos Navarro Fernández, de 62 años, como párroco titular, y Antonio Jesús Guzmán Díaz, de 34 años, como vicario parroquial.
Para Juan Carlos Navarro, asumir esta nueva responsabilidad ha estado inevitablemente marcada por el recuerdo de quien además de compañero era un gran amigo. “En aquel momento me quedé bastante desolado”, reconoce. Frente al dolor, asegura haber encontrado un apoyo fundamental en la propia comunidad parroquial.
“Fue un momento de dolor común, de encontrarnos muy desorientados por la falta de Manolo, porque lo echábamos de menos para todo”, explica. Sin embargo, aquellos días también sirvieron para comprobar, según señala, “la unidad de la parroquia, la compañía y la cercanía” de numerosas personas.
El nuevo párroco destaca especialmente el respaldo recibido por parte de los vecinos. “Mucha gente me decía: “Juan Carlos, lo que necesites, si te hace falta algo, estoy disponible”. Gracias a Dios puedo contar con el cariño y la cercanía de la gente y estamos todos dispuestos a salir adelante a pesar de unas circunstancias tan dolorosas”.
Una vocación desde la adolescencia
La trayectoria sacerdotal de Juan Carlos Navarro comenzó muy pronto. “Desde pequeño quería ser cura. Entré en el seminario con 14 años”, recuerda. Tras completar su formación fue ordenado sacerdote en 1991 y desde entonces ha desarrollado su labor pastoral en diferentes municipios de la provincia.
A lo largo de su trayectoria ha pasado por parroquias de Puerto Lope, Almuñécar, Pulianas y Las Gabias, antes de llegar a Albolote, ejerciendo en unas ocasiones como párroco y en otras como vicario parroquial.
Su actividad sacerdotal se completa además con la docencia. Navarro imparte clases en el Instituto de Teología de Granada, ubicado en el edificio del Seminario Mayor, en el Paseo de Cartuja, donde se forman seminaristas y otros alumnos vinculados a diferentes comunidades religiosas.
“Estoy aquí para acompañar la vida de la parroquia”
Sobre los proyectos que pretende desarrollar en Albolote, Juan Carlos Navarro prefiere hablar de continuidad y acompañamiento antes que de grandes cambios.
“El principal proyecto es ver cómo la vida de la Iglesia va creciendo, cómo Dios la va sosteniendo y la va haciendo florecer”, explica. Su intención es conocer las necesidades que vayan surgiendo en ámbitos como las celebraciones, la formación, la convivencia entre los fieles o la transmisión del Evangelio.
El sacerdote utiliza una comparación familiar para explicar su manera de entender esta nueva etapa: “Es como tener un hijo. Los padres pueden tener muchas ideas sobre cómo quieren que sea, pero luego el hijo va creciendo y ellos tienen que acompañarlo para que llegue a su madurez. Yo estoy aquí para acompañar la vida de una parroquia y ayudar a que vaya caminando hacia la madurez cristiana”.
Navarro considera que la comunidad católica de Albolote atraviesa actualmente “un momento muy positivo”, y señala que no se trata únicamente de una cuestión de asistencia a los actos religiosos.
“Creo que es más importante el espíritu. Veo una parroquia con mucho espíritu de comunión, de acogida, con mucha disponibilidad por parte de la gente, con muchas personas dispuestas a colaborar y a caminar día a día”.
En este sentido, destaca también la relación existente con la Hermandad local, a la que define como “muy sólida” y con la que asegura mantener una estrecha colaboración. “Yo tengo la alegría de saber que puedo contar con ellos y ellos saben que pueden contar conmigo”.
Un patrimonio que es también memoria de generaciones
Otro de los elementos que el nuevo párroco valora especialmente es el patrimonio artístico e histórico de la iglesia de Albolote.
Navarro destaca tanto la arquitectura del templo como su retablo y las numerosas obras de arte que conserva. “Es una maravilla y también un regalo”, señala.
Para el sacerdote, ese patrimonio no debe contemplarse únicamente desde su vertiente artística. “Tenemos que verlo como un legado histórico. Nos indica que ha habido una vida cristiana que se ha manifestado también en el arte y en el gusto por tener un lugar hermoso donde celebrar la fe. Todo esto nos lo legaron generaciones de cristianos anteriores a nosotros y nosotros estamos continuando esa obra”.
Antonio Jesús Guzmán, de la Nutrición al sacerdocio
Junto a Juan Carlos Navarro ha llegado a Albolote Antonio Jesús Guzmán Díaz, como vicario parroquial. Su función, explica, consiste en colaborar directamente con el párroco titular y asumir sus funciones cuando sea necesario.
Natural de Jaén, aunque durante su infancia residió en diferentes lugares de España, Guzmán recuerda especialmente sus años en esta capital andaluza, donde estudió en el colegio de los Maristas.
Posteriormente se trasladó a Granada para iniciar los estudios universitarios de Nutrición Humana y Dietética en la Facultad de Farmacia. Su vida, por entonces, era la de cualquier joven universitario.
“Tenía buenas notas, estaba en un colegio mayor, tenía muchos amigos, salía a las discotecas e incluso hice colaboraciones con algunas marcas de ropa que estaban empezando”, recuerda.
Sin embargo, pese a encontrarse satisfecho aparentemente con aquella vida, comenzó a experimentar una sensación que acabaría cambiando su trayectoria.
“Me iba a la cama y experimentaba una insatisfacción. Pensaba: esto me entretiene, pero no me llena. Tenía 18 años y me preguntaba para qué era la vida”.
Fue entonces cuando conoció a un grupo de jóvenes cuya forma de vivir despertó su curiosidad. “Me di cuenta de que no era una cuestión de temperamento o de carácter. Eran personas muy distintas unas de otras, pero habían encontrado una alegría diferente, a la que ellos llamaban Cristo”.
A partir de esa experiencia comenzó un proceso personal que acabaría llevándole al seminario. Allí se produjo además una curiosa coincidencia: uno de sus profesores fue precisamente quien hoy es su párroco en Albolote, Juan Carlos Navarro. Guzmán lo recuerda con humor: “Confirmo que sus clases eran de las más divertidas”.
Una decisión que cambió su vida
Antonio Jesús Guzmán explica que durante un tiempo percibía que existía “una llamada”, aunque todavía no sabía identificarla con claridad. Finalmente entendió que aquella vocación estaba orientada al sacerdocio.
En ese momento mantenía además una relación sentimental. Recuerda especialmente el 30 de enero de 2015, cuando comunicó a su novia la decisión que había tomado.
“Fue muy bonito porque ella me apoyó, sabiendo que era probablemente la persona que más hubiera deseado poder retenerme”, recuerda.
Tras seis años de formación en el seminario fue ordenado sacerdote. Su primer destino estuvo vinculado durante cerca de dos años a una fraternidad sacerdotal en Almuñécar. Posteriormente desarrolló su labor pastoral en la comarca de la Contraviesa durante aproximadamente cinco años, antes de recibir su nuevo destino en Albolote.
Guzmán reconoce que abandonar una comunidad después de varios años siempre provoca “un pellizco”, aunque asegura sentirse muy agradecido por la acogida que ha encontrado entre los vecinos de Albolote.
“Estoy muy contento. Siempre cuesta dejar un lugar donde has estado mucho tiempo, pero estoy muy agradecido por la acogida de la gente en el nuevo destino”, asegura.
Dos generaciones y dos trayectorias diferentes comparten así desde ahora una misma responsabilidad pastoral. Juan Carlos Navarro y Antonio Jesús Guzmán afrontan una etapa marcada inicialmente por el recuerdo y la pérdida, pero también por la voluntad de dar continuidad a una comunidad parroquial que ambos consideran viva y participativa.
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